Acerca de los Cuáqueros

Si nunca has escuchado nuestro audio introductorio que explica quienes fueron los primeros Cuáqueros, te recomendamos que empieces por aquí, haciendo clic al botón de reproducir a continuación:

¿Quiénes Eran Los Primeros Cuáqueros?

El nacimiento de la Sociedad Religiosa de los Amigos (llamados Cuáqueros), es usualmente atribuido a la predicación y ministerio de George Fox en Inglaterra (1624–1691). Verdaderamente, Fox se convirtió en un instrumento poderoso en la mano del Señor para volver los corazones y abrir los ojos ciegos a la verdadera naturaleza, luz y vida del cristianismo. Pero el increíble despertar espiritual y recuperación del verdadero cristianismo que tuvo lugar en el siglo XVII, no puede ser atribuido a la obra y enseñanza de ningún hombre. A decir verdad, había muchos miles de creyentes en este momento de la historia (procedentes de todas las creencias y antecedentes), que se habían decepcionado de las muchas sectas del cristianismo centradas en el hombre y carentes de vida, y estaban clamando por la verdadera luz, vida y justicia de Jesucristo. Muchos vagaban de un lugar a otro prestando oídos a pastores, sacerdotes y eruditos, y con todo, seguían gimiendo bajo la carga de la contaminación interna y oscuridad espiritual, anhelando el agua viva que fue prometida a Sus verdaderos discípulos. Al hallar lugar en estos corazones para Su Palabra implantada, el Señor mismo levantó, reunió y purificó un pueblo para que Lo adorara en Espíritu y Verdad, que testificara contra toda injusticia y religión sin vida, y que llamara al mundo de regreso al cristianismo de los primeros apóstoles, al pacto eterno de vida y luz en el Señor Jesucristo.

No sólo George Fox, sino cientos de otros ministros, fueron levantados por el Señor y enviados por todo Europa, las colonias americanas y otros lugares, a predicar el verdadero evangelio en la demostración del Espíritu y poder. ¿Qué predicaban ellos? Predicaban el verdadero arrepentimiento de la naturaleza oscura y corrupta del hombre, y de todas las obras muertas de la carne, “volviendo a los hombres de las tinieblas a la luz, y del dominio de Satanás a Dios.” Predicaban a Cristo como la “Luz de la vida,” la “verdadera Luz que alumbra a todos los hombres,” aparte de la cual nadie puede verdaderamente ver, entender o experimentar las cosas del reino de Dios. En verdad, esta luz espiritual que “resplandece en el corazón para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo,” es la única manera de que el verdadero evangelio pueda ser distinguido de las opiniones, ideas y tradiciones muertas de los hombres. Ellos predicaban la verdadera libertad del pecado y de las tinieblas, y la experiencia de la victoria sobre la ley del pecado y de la muerte que reina en el hombre natural y carnal. Ellos no se sentían contentos quedando cortos de las muchas promesas de Dios sobre “limpiar el interior de la copa y el plato,” y de “purificar la consciencia de obras muertas para servir al Dios vivo.” Más bien, aprendieron y tomaron la cruz de Cristo, la cual es el poder de Dios para crucificar y someter al hombre de carne, y al poder del pecado y muerte que reina en él. Fielmente se aferraron a la cruz como un salvavidas celestial, sabiendo que el Segundo Hombre no podría reinar en poder y paz donde el primer hombre permaneciera sin crucificar. Ellos predicaban a Cristo como la sustancia viva y el cumplimiento de todas las sombras y testimonios del antiguo pacto. Y en la medida que Cristo era revelado y formado en sus corazones, experimentaban la adoración en Espíritu y verdad en el nuevo templo interno de Dios, y el ministerio para el cuerpo del Señor que era resultado de Su vida en el interior.

Los primeros Cuáqueros no se vieron a sí mismos como una nueva secta o denominación cristiana, sino como el regreso al cristianismo primitivo de los apóstoles, después de una larga y oscura noche de la “apostasía” del verdadero Espíritu y gloria del nuevo pacto. De hecho, por un tiempo, no tuvieron un nombre formal para sí mismos y simplemente se llamaban entre sí “Amigos,” por las palabras de Jesús en el evangelio de Juan, “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor.” Según el diario de George Fox, el nombre “Cuáqueros” se originó con un magistrado llamado Gervase Bennet. “Este magistrado Bennet,” dice Fox, “fue la primera persona que nos llamó Cuáqueros, porque les pedí que temblaran ante la Palabra del Señor.” [La palabra “Cuáquero” es un anglicismo que proviene de la palabra inglesa Quaker, que significa temblar.] De esta forma, el nombre de Cuáqueros comenzó como una manera de ridiculizar la amonestación de George Fox, pero pronto se hizo ampliamente conocido y usado a la largo del mundo, y eventualmente fue aceptado por la Sociedad de Amigos.

En nuestra opinión, la obra del Señor en y a través de los primeros Cuáqueros del siglo XVII, fue en realidad un regreso a la vida, luz, poder y pureza original que los primeros cristianos experimentaron y proclamaron ser el evangelio de Jesucristo. Estos hombres y mujeres vieron al Señor, crecieron en Su vida y al igual que su Señor, fueron odiados, calumniados y perseguidos por ello. No obstante, como sucede a menudo con los movimientos genuinos del Espíritu de Dios, sus enseñanzas y prácticas fueron eventualmente malentendidas, corrompidas y tergiversadas por las sucesivas generaciones de los que llevaban su nombre. Las doctrinas y tradiciones pueden ser transmitidas de una generación a la siguiente, pero la vida de Cristo debe nacer y ser experimentada en cada alma individual. Es por esta razón que los pocos que se llaman a sí mismos Cuáqueros hoy, tienen poco o ningún parecido espiritual con sus antepasados. La vida y luz de Cristo que una vez reinaron en los corazones hambrientos del siglo XVII han sido casi totalmente abandonadas, y la Sociedad de Amigos de hoy es, escasamente, un cascarón de lo que alguna vez fue tal vez, el más grande despertar espiritual desde Pentecostés.

Algunas Explicaciones y Aclaraciones

Incluso desde los primeros días de su sociedad, muchos de los principios y prácticas de los Cuáqueros habían sido muy malinterpretados y tergiversados. Y hoy, incluso, existen un montón de opiniones e interpretaciones extrañas y falsas de la historia y teología de ellos. Antes de explorar los numerosos diarios, cartas y escritos de los primeros Cuáqueros que se proveen en este sitio web, puede resultar útil leer la información a continuación.

Luz en el Interior

El concepto de luz espiritual brillando en el corazón o consciencia es, tal vez, el más conocido principio de los Cuáqueros. Tristemente, muy pocos hoy (incluso entre los que todavía llevan el nombre) entienden o expresan correctamente lo que los primeros Amigos enseñaban acerca de este tema esencial. Cuando los primeros Cuáqueros hablaban de esta luz, no se estaban refiriendo a algo que perteneciera al hombre por naturaleza. Isaac Penington escribe,

“El hombre, por naturaleza, está muerto en delitos y pecados; muy muerto, y su consciencia está totalmente oscura. Entonces, lo que le da al hombre consciencia de su muerte y oscuridad tiene que ser algo diferente a su propia naturaleza, es decir, tiene que ser la luz del Espíritu de Cristo brillando en su oscuro corazón y en su consciencia.” “El hombre es tinieblas (Efesios 5:8) y cuando Cristo viene a redimirlo, lo encuentra en tinieblas. Cristo no halla una luz que ya esté en el hombre para ayudarlo a poner de manifiesto el pecado. Así que, todos los descubrimientos de pecado que son hechos en el corazón, son hechos mediante la luz de Cristo, no mediante alguna luz de la naturaleza del hombre.”

En otras palabras, el hombre natural no tiene absolutamente ninguna luz verdadera inherente en sí mismo. No hay nada intrínsecamente bueno, verdadero o puro en el hombre en su condición caída. Por tanto, no es la consciencia misma la que es o la que posee luz divina (como muchos erróneamente asumen). Pablo escribe: “Mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas.” En cambio, Cristo la Luz, sembrado como una semilla en el corazón, o la consciencia, es el que lleva al hombre al conocimiento de la verdad, y cuando se cree en esta Semilla y se obedece, conduce a la salvación del alma.

Pero puesto que la gracia de Dios se extiende a la humanidad en su condición caída y pecaminosa, la verdadera luz de Cristo primero aparece en el corazón como una que reprende por el pecado y transgresión. Los primeros Cuáqueros fueron muy específicos sobre este punto. Hay muchas luces falsas y guías falsas. Cristo mismo advirtió: “Si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande será la oscuridad!” Por tanto, la luz espiritual de la que Pablo dijo que “resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios,” no es otro que el Espíritu de Verdad a quien Cristo prometió enviar, primero para convencer “al mundo de pecado, justicia y juicio,” y luego, para salvarnos “por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.”

Además, han habido muchos tristes malentendidos y falsas conclusiones derivadas del uso de los Cuáqueros del término “universal,” en referencia a este don de luz. La palabra universal era usada por ellos para establecer un contraste intencional con la idea predominante del momento, de que Dios ofrecía el conocimiento salvador de Cristo sólo a unos pocos predestinados. Los Cuáqueros rechazaban la idea de la predestinación individual, e insistían en que Dios ofrecía vida a toda la humanidad a través de una medida de Su luz o gracia, que testifica en el corazón contra el pecado, e invita al alma a encontrar salvación en Cristo. Es la misericordiosa e interna invitación, la que es universal. Cuando es recibida, seguida y obedecida, esta luz se vuelve la vida y salvación del alma. Pero cuando es rechazada, la misma luz se vuelve condenación eterna para el hombre. (Ver Juan 3:19-21) Los primeros Cuáqueros no proponían en absoluto una reconciliación universal.

Costumbres

Había varias costumbres aceptadas a mitad de los 1600, a las que los primeros Amigos no podían conformarse. La vestimenta común del día era muy extravagante, llena de inútiles encajes, lazos, botones ostentosos, pelucas empolvadas, etc. El saludo normal entre iguales involucraba, arrastrar el pie derecho hacia atrás sobre el suelo, inclinarse mientras se quitaban el sombrero y halagarse unos a otros con títulos como: “su Señoría,” “su Eminencia,” etc. Los primeros Amigos sentían que estas y otras costumbres parecidas tendían hacia la vanidad, orgullo y “honor carnal que Dios pondría en el polvo,” y por tanto, no practicaron estas cosas.

En los 1600 se puso de moda hablar utilizando los pronombres plurales “vosotros o ustedes,” para dirigirse a una sola persona de mayor estatus social, con el fin de mostrarle honor o para adularla. Mientras que los pronombres singulares “tú o usted” estaban reservados para los sirvientes, niños o personas de baja posición social o económica. Los primeros Amigos se apegaron a lo que entonces se consideraba “lenguaje simple,” y usaban la forma del “tú o usted” con todas las personas y sin distinción social, y el “vosotros o ustedes” para dos o más. Esto puede parecer un asunto pequeño para el lector del siglo XXI, pero es sorprendente ver los miles de Amigos que fueron insultados, golpeados, encarcelados e incluso colgados, porque se rehusaron a conformarse a estas costumbres, que sólo sirven para adular al hombre carnal. .

Reuniones en Silencio

Tanto de su propia experiencia personal, como de los muchos lamentables sucesos en la historia de la iglesia, los primeros Cuáqueros entendieron bien la propensión de la carne no crucificada, a tratar de guiar, gobernar y enseñar las cosas relacionadas con la adoración y servicio de Dios. El hombre natural es extremadamente rápido a correr a doctrinas, opiniones, prácticas y tradiciones, empleando su propia sabiduría carnal y habilidad en un intento de edificar la iglesia de Dios. Los Amigos vieron claramente, que esta propensión crea un cristianismo falso que está en la voluntad y naturaleza del hombre caído, el cual (como el rey Saúl) busca ofrecer al Señor lo mejor de lo que Él ya ha rechazado y condenado.

Los Cuáqueros, por tanto, eran muy cuidadosos en esto, e intencionalmente esperaban en el Señor en el silencio de su carne, para sentir Su Espíritu vivificador antes de intentar orar, predicar, adorar, animar o amonestar en sus reuniones. En palabras de Robert Barclay,

Con respecto a la adoración pública, juzgamos que es deber de todos congregarse diligentemente, y cuando están reunidos, la gran labor tanto de uno como de todos debe ser esperar en Dios, volviéndose de sus propios pensamientos e imaginaciones, para sentir la presencia del Señor y experimentar una verdadera “reunión en Su Nombre,” en la que Él está “en medio” según Su promesa. Y cuando todos están así reunidos, y por tanto congregados internamente en sus espíritus así como externamente en sus personas, se conocen el poder secreto y la virtud de vida que refrescan el alma, y se siente el levantamiento de los movimientos y respiraciones puras del Espíritu de Dios. A partir de Este, brotan palabras de declaración, oraciones o alabanzas, y se experimenta la adoración aceptable, la cual edifica la Iglesia y es agradable para Dios. De esta manera ningún hombre limita al Espíritu de Dios, ni saca sus propias cosas investigadas y reunidas, sino que todos presentan aquello que el Señor pone en sus corazones, lo cual es dicho no en la voluntad y sabiduría del hombre, sino “con demostración del Espíritu y de poder.”

Esto no es diferente al orden establecido por la iglesia primitiva. Pablo enseñó: “Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación,” y también dijo: “Los profetas hablen dos o tres [es decir, los que hablan por el Espíritu], y los demás juzguen.” Pedro exhortó: “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo.” Esta era la forma de las primeras reuniones de Amigos. Pero cuando nadie se sentía guiado a ministrar con palabras, cada uno permanecía internamente vuelto al Señor, esperando en Él por Su presencia que cambia el corazón y da capacidad de hablar en la “demostración del Espíritu y del poder.”

Es importante aclarar que el silencio nunca fue la meta de las reuniones cuáqueras. El silencio de la mente precipitada y carnal, y el humilde vuelco del corazón hacia el Señor eran medios para un fin, y no un objetivo. Era una manera de evitar la sabiduría y religión del hombre, mientras esperaban las influencias puras y poderosas del Espíritu de Dios para edificar y gobernar Su propio cuerpo espiritual. .

Perfección

Los primeros Cuáqueros son a veces conocidos por su creencia de que los creyentes pueden llegar a ser “perfectos,” incluso en este lado de la tumba. La palabra “perfectos” es una palabra que puede dar lugar a mucha mala interpretación e imaginación, por lo que es importante entender exactamente qué creían ellos con respecto a esto. Primero que nada, ellos no se referían a la mejora o perfección de la naturaleza pecaminosa y carnal del hombre. Esta naturaleza no es reentrenada o reparada, sino crucificada a través de la experiencia interna de la cruz (el poder de Dios), para que el alma llegue progresivamente a ser libre de la ley del pecado y muerte, y gobernada por la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús. Por lo tanto, el progreso y perfección del alma surgen del nacimiento y crecimiento de la Semilla de Cristo en el interior, y de Su victoria (grado a grado) sobre el cuerpo de muerte. Los primeros Amigos creían (y muchos experimentaban) que el corazón podía ser unido y sometido a la Verdad viva de manera tal, que ya no obedeciera las sugerencias y tentaciones del maligno, dejara de pecar, y en este sentido, fuera perfecto. No obstante, ellos siempre fueron muy cuidadosos al insistir en los siguientes dos puntos: 1) Que este tipo de perfección siempre permite un crecimiento espiritual continuo. Así como Cristo es ilimitado y eterno, nuestro crecimiento en Él no conoce límites o restricciones. 2) Que siempre permanece la posibilidad de pecar donde el corazón y la mente no presten diligente y vigilante atención al Señor.

Persecución Contra los Primeros Cuáqueros

Jesús les dijo a Sus discípulos: “Seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre,” y “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.” El odio del mundo hacia los discípulos de Cristo es raramente experimentado hoy, en parte por el predominio de un evangelio sin cruz y amigable con la carne. No es común (al menos en el mundo occidental) que los creyentes en Jesucristo sufran por gozar de una consciencia limpia delante de Dios. Este, sin embargo, no era el caso cuando el Señor levantó a la Sociedad de Amigos original. Los primeros Cuáqueros eran despreciados, perseguidos, calumniados, golpeados, encarcelados y asesinados, tanto por magistrados como por las varias sectas cristianas de sus tiempos (protestantes y católicas). Los primeros Amigos vivieron en una época en la que se les concedía muy poca libertad a los ciudadanos para creer y adorar como consideraran conveniente. La iglesia de Inglaterra era dirigida por el estado, y multitud de leyes fueron hechas y aplicadas ordenando ciertas creencias, lugares específicos de reunión y formas de adoración, prohibiendo todas las demás. Debido a su negativa a conformarse a leyes que habrían violado sus consciencias ante los ojos de Dios, los Cuáqueros sufrieron crueles palizas y latigazos, largos encarcelamientos en prisiones frías e inmundas, amputaciones de orejas, destierros de sus países natales e incluso la muerte. Entre los años 1650-1690 las prisiones en Inglaterra estaban literalmente llenas de Cuáqueros, que por causa de la consciencia, no dejaban de reunirse a adorar a Dios en la forma que creían que Él requería de ellos. Tampoco se sentían libres de asistir a otros cultos religiosos obligatorios, pagar diezmos obligatorios a los sacerdotes que los perseguían, o jurar lealtad al gobierno en desacato al mandamiento de Cristo en Mateo 5:34-37, “No juréis en ninguna manera… Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no.”

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